13 ago. 2012

A MIGUEL HERNÁNDEZ-II


A MIGUEL HERNÁNDEZ 
Tu vida fue un suspiro, Miguel

Tu vida fue un suspiro  
en la eternidad que te esperaba
y comenzaste al nacer.

 La fragua del amor te acercaba más
a esa dimensión maravillosa desde entonces.
Comprometido y sencillo poeta soñador
encontraste la muerte y la tristeza.

 No existe alegría sin dolor.
 Ni ausencia sin existir antes la presencia.

El frío en tu alma era la ausencia del calor.
 La oscuridad, la ausencia de luz.
El vacío, la ausencia de contenido.

En Frentes fratricidas vergonzosos
sangraste los versos más amados
gritando tu inocencia y libertad
aferrado a la esperanza en el ocaso
que al fin te llevó en brazos a las estrellas..

 Nada es real en lo negativo.

  Como el Mal es la ausencia del Bien. 
Y el egoísmo  la ausencia de Amor. 
La enfermedad, ausencia de salud.

Fuiste.
Y eres.
 Exististe.
 Y  existes.
 Amaste y amas.

Encarcelado, fuiste  libre.
De tu padecer, descansas…

 En soledad, ausencia de compañía
tan deseada con tu amada y tu hijo
las fronteras fueron solo trazos imaginarios
 con el tiralíneas de algún loco en su ambición
disparando a hermano contra hermano.

Fanatismo.
Caos.
Confusión.
Pánico.
 Hambre.
Miseria.
 Convicciones.
Ideales…

Guerra que desarmó e hirió profundamente
a todo un Pueblo que se resiente aun
en cada latido, en cada hogar.

Y huele a sangre de Abel
en dramáticas heridas que supuran.

Tu alma y la de quienes te amaron tanto
siguen vivas. Son infinitas
las voces que te claman día y noche.

Luchaste  con la pluma por puñal
hasta ajar  tu joven cuerpo enfebrecido
vomitando la sangre en tus entrañas.


Nada fue, nada es,  y Todo existe.

¿Cómo describir  el AMOR,
la PAZ, la JUSTICIA, LA LIBERTAD
 si en su autenticidad 
era y es  lo único real y verdadero ?.

Poco ha cambiado el Mundo, Miguel.
Muy poco. Demasiado poco.
Solo cambio tu lápiz por un teclado.
Y el papel por tecnología “avanzada”

Tus poemas releo como míos
porque saben a “Ahoras”.
A presentes estúpidos y genocidas.

¿Cómo explicar tu sufrimiento
--Y el nuestro todavía --
 con  las ausencias de quienes amaste,
por quienes luchaste,
pastor poeta del pueblo
si te  han adelantado precozmente?.

¿Cómo aceptar y expresar
ése sentimiento tan hondo
que te sumía en la melancolía
más terrible y desesperante
ante la fatídica pérdida
de tu libertad, familia, vida,
dignidad, valores, ética,
sin ser capaz de sentir siquiera
porque la impotencia te embargaba
--y nos embarga --
adormeciendo los sentidos,
acallando esos besos que nunca diste
--nunca hemos dado --
y que nunca recibiste
--ni recibimos --
cuando más necesitabas
--y necesitamos--?.

Poeta noble, de casta valiente.
Soñador de ilusiones.
Genio.
Sencillo.
Latente en ti estaba la muerte
desde que la oscura y húmeda pared
absurda e intransigente te ahogó
aprisionando tu  cuerpo. Jamás tu alma
ni tu mente.
¡Miguel…!
(Gritaban…)

¡MIGUEL HERNÁNDEZ!

¡MIGUEL!
 Lloraba tu mujer,
tus amigos, tu gente.

Miguel, aguanta…no te caigas…
Mira a tu hijito.
Hambre silente le amamantaba.

Tormento absurdo.
 Absurda guerra.
Absurdo dolor en tu consciente
que con un trozo de carbón
escribías sin desmayo
hasta tu último suspiro.
Ahora, quemamos los teclados de un ordenador
con la misma esperanza y utópica lucha.
  
¿Será vana también, como la tuya?

 El pecado es la ausencia de AMOR.
El pecado es  la ausencia de PAZ.
El pecado, ausencia de LIBERTAD.
 El pecado, ausencia de RAZÓN.

 El fanatismo de cada “VERDAD”
Y LA AMARGURA DE LA TRAICIÓN.

Nada ha cambiado mucho, poeta.
Hay más obtusos con su ambición
asesinando en fanáticas guerras
alimentadas por la avaricia
 miseria y hambre que matan.

 Quiebran al pueblo.
 Y el pueblo, a ciegas…
Se desespera. Y grita.
Llanto amargo que es nuestra agua
sin  calmar la sed.
Ni siquiera cebollas, Miguel.
Ni siquiera cebollas
Ni pan.
Hambre fratricida
en continuos genocidios.


Miguel…Miguel Hernández
Dulce poeta. Joven amante.

Conquistador, venciste.
Después de todo, nada fue en vano.
O quizá sí. Poco ha cambiado.

Cantan tus versos en lunas blancas
 junto a las cunas. Y en grandes fiestas.
En las lagunas. En costas. Montes. Campos…

En los desiertos del alma
los oasis son lágrimas amargas.

¿Cómo expresaste tanto dolor?
Dime,  poeta. Mi gran poeta.

**********
Nieves Mª Merino Guerra
Gran Canaria- España
08-08-2012

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